
El silencio de la estancia,mas bien habitáculo,era nada mas interrumpido por el sonido de un viejo reloj de pared colocado a la derecha del alféizar de la ventana que daba al mar,y por el rozar del humo del tabaco al salir por sus labios.El cigarro descansa en el sucio cenicero de su madre,que desde inmemoriales tiempos esta colocado en la esquina de esa vieja mesa de carcomida y oscura madera de caoba.Se detiene en la antigua mecedora,como de costumbre en los días de tormenta,a ver correr las gotas de agua precipitarse al vacío por la ventana que da al viejo bosque,le proporciona una paz inquebrantable el sonido de la lluvia,pero no hay paz en esos corruptos ojos negros.No hay paz,ni desconsuelo,ni llanto,ni dolor.No hay vida.No hay emoción alguna en esos ojos de negro diamante,que vacíos,contemplan el suicidio de las gotas de lluvia,al desaparecer ventana abajo.El reloj da las doce,las doce campanadas de un años mas,de un año menos.Las viejas paredes,de grises y desgastados colores,provocan una sensación de desasosiego en su cabeza,la maltrecha casa del bosque es como una cárcel,una cárcel de soledad,de soledad,una cárcel de liberación.El viento resuena en sus oídos,como un augurio de destrucción,en el fondo de la estancia,en un rincón poco iluminado,menos de lo que ya lo está la pequeña cabaña,hay un catre,sucio y zarrapastroso,en el que se tiende.Sus últimas percepciones son como el reloj de pared se para,dejan así,de contar el tiempo.No hay tiempo,no hay vida,el reloj se a parado, no correrá nunca mas el tiempo por sus venas.
Se rompió la cadena que ataba el reloj a las horas.
ResponderEliminarUn saludo y un canto de ballena. =)