Todos tenemos en nuestro interior un poco de oscuridad, mezquindad, crueldad y cinismo que pugna por salir en todo momento. Algunos aprovechan para cebarse con sus más allegados, otros alcanzan sus metas alzándose sobre cualquier otro que las comparta, hay quienes cargan su amargura sobre hombros ajenos y también quienes apuntan con la flecha de su maldad a todo aquel que osa enfrentarse a él. Pero algunos, movidos por algún atisbo de bondad y por la poca educación que podamos haber recibido de esta pútrida y corrupta sociedad, descargamos nuestros pesares en palabras, en ciudades literarias, en mundos ficticios de prosa y verso en los cuales, sólo el ignorante, corre el peligro de perderse.

viernes, 25 de septiembre de 2009

No llamaron.


-El teléfono no volvió a sonar, y no te estoy mintiendo. Estaba esperando desesperado,  a que llegara la ocasión, a que el sonido agudo de tres teléfonos al unísono me sacara del profundo sopor que me mantiene aturdido de forma casi constante. No volvió a sonar, no volvieron a llamar, esperaba ansioso esa llamada, puede que nunca hubiese deseado tanto y a la vez tan poco una cosa. Necesitaba esa posibilidad de redimirme de mi error, necesitaba justificar porque no puedo ir, necesito presentar una prueba tangible de mi negativa a la invitación, no quiero parecer grosero, ni mal amigo, no quiero que parezca que no quiero su compañía. Las cosas suceden así, a menudo lo que quieres y lo correcto no coinciden, y en esa situación me encuentro yo ¿Comprendes?


-...-me contestó el aire, hablar solo es algo bueno para salud, solo de vez en cuando.
-Si, supongo que me comprenderás, pues claro en esas me encuentro yo, en el dilema de acudir al evento mas importante de una de mis amistades más importantes y entre realizar lo prometido(comprometido mas que prometido,me comprometí a prestar mi ayuda en el caso de que pudiera prestarla). El caso esta que la situación realmente no me impide ayudar, es el dilema moral entre a quien es menos doloroso fallar y claro ,me encuentro entre la espada y la pared ¿Me entiendes?
-...-El silencio confirmaba en silencio, lo profundo de su comprensión. No hay nadie más sabio que aquel que esta siempre en todas partes,todo lo oye y todo lo sabe, y no presume.
-...Pero ¿de que estaba hablando?¡Ah,sí!...el teléfono no volvió a sonar.

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