
Se amontonan en mi bolsillo, montones de promesas rotas, incumplidas, palabras que se quedan en el aire, esperando que las atrape en la red de mis olvidos. Se llena el aire de los silencios, de las palabras que no nos decimos, y el silencio de este corazón herido, lejos de calmarse, solo aumenta. Esta soledad interior es mucho mas pesada de lo que creía, amordaza mis sentimientos en la garganta, aprisionados bajo un peso cada vez mayor, que cuanto más me descuido, más lejos estoy de conseguir salir de este negro agujero sin fondo. Largos son los días, y las noches en las que ni atisbo el sueño, con cada giro de las manecillas del reloj, este mundo se me hace mas grande, mas extraño. Ya no sé ni que añorar, que extrañar, perdido entre las dudas, tirar la toalla parece la mejor opción de entre las peores, y al más mínimo indicio de recuperación, la ley del círculo vicioso, me vuelve a llevar la vorágine del huracán. Cada día resulta mas duro abrirse al mundo, compartir, el aislamiento es tal, que mis propias emociones, están llegando al punto de parecerme ajenas y desconocidas. Soy incapaz de controlar mis propias emociones, y este descontrol me está pasando factura, a cada palabra que digo, me siento mas imbécil, más estúpido e irracional; sin cura ni remedio, que me ayude a encontrar un poco de paz en este inmenso océano de incertidumbre e inseguridad,desconfianza, extrañeza, incapacidad, autismo y desequilibrio emocional el silencio vuelve a ser la mejor opción, el mejor substituto de la paz, conllevando consigo, un pequeño y a la vez notable aumento del peso, que asfixia mis palabras, convirtiendo la cordura en un espejismo, cada más y más lejano.
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