Todos tenemos en nuestro interior un poco de oscuridad, mezquindad, crueldad y cinismo que pugna por salir en todo momento. Algunos aprovechan para cebarse con sus más allegados, otros alcanzan sus metas alzándose sobre cualquier otro que las comparta, hay quienes cargan su amargura sobre hombros ajenos y también quienes apuntan con la flecha de su maldad a todo aquel que osa enfrentarse a él. Pero algunos, movidos por algún atisbo de bondad y por la poca educación que podamos haber recibido de esta pútrida y corrupta sociedad, descargamos nuestros pesares en palabras, en ciudades literarias, en mundos ficticios de prosa y verso en los cuales, sólo el ignorante, corre el peligro de perderse.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Identidades y pasado.


Dejo que el tiempo fluya entre mis venas, quiero que pase esta sensación en la que las victorias me saben a fracasos, y donde la gloria se necrosa rodeada de una neblina de ineptitud inexplicable. Todo a mi alrededor parece formar parte de un complejo entramado de inecuaciones de segundo grado, logaritmos irresolubles y planteamientos matemáticos inteligibles. Vidas construidas con piezas de lego, con barrotes encarcomados de madera y oxidados pilares de hierro. Prefiero pensar que el caótico orden que nos maneja no es un monstruo de invención propia, si no una patraña de una sociedad podrida que insiste en mantenernos unidos a reglas sociales insostenibles y protocolos que pesan más que los años que acarrean detrás de si. Creo en la reinvención y el progreso, creo en la igualdad y puestos a ser mas iluso , inocente e infantil, voy a decir que no creo en los mayores, no creo en gente que se pasa la vida defendiendo unos valores, que vive de defenderlos, para luego más tarde, cuando se presenta la oportunidad quebrantar toda ética o moral que rigiese sus escrúpulos. El mundo ha entrado en una vorágine de decadencia intelectual apabullante, cuanto más profunda es la herida, más complicado e intrínseco será retomar la normalidad, decadencia intelectual que nos muestra un mundo gobernado por las puras leyes del azar, y grandes dosis de dinero. No existe la igualdad que tanto persigo, ni atisbo del progreso que ansío y ni por asomo, una pizca de reinvención en esta sociedad tetraplégica, anclada a un pasado presumidamente glorioso del que yo no acabo de orgullecerme. Es ese vergonzoso esplendor de la patria que se me otorga por defecto, no quiero crear un conflicto de identidad, simplemente aclarar, que no quiero pertenecer a un país que solo por el echo de ser como soy me obliga a construir mi vida con ladrillos de segunda mano, el que me abruma al pensar que mientras unos viven pagados del pasado que no les pertenece, el futuro se cierne hambriento sobre nosotros, al acecho de ignorantes vestidos de supuestos eruditos, en busca de víctimas para alimentar de nuevo, nuestro "glorioso" pasado. Yo solo quiero que las piezas de lego y madera carcomida que soportan mi vida, tengan derecho a recibir una nueva capa de pintura, porque yo al menos, solo busco reinventarme.

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