Todos tenemos en nuestro interior un poco de oscuridad, mezquindad, crueldad y cinismo que pugna por salir en todo momento. Algunos aprovechan para cebarse con sus más allegados, otros alcanzan sus metas alzándose sobre cualquier otro que las comparta, hay quienes cargan su amargura sobre hombros ajenos y también quienes apuntan con la flecha de su maldad a todo aquel que osa enfrentarse a él. Pero algunos, movidos por algún atisbo de bondad y por la poca educación que podamos haber recibido de esta pútrida y corrupta sociedad, descargamos nuestros pesares en palabras, en ciudades literarias, en mundos ficticios de prosa y verso en los cuales, sólo el ignorante, corre el peligro de perderse.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Niños



¿Dónde están las claves de sus mentiras?¿Dónde quedaron los cuentos de hadas, príncipes y princesas? ¿Dónde se esconde Papá Nöel? ¿Dónde están las cosas que comprenderemos cuando seamos mayores? Me pierdo entre las mentiras, no soy capaz de salir a la luz, me ofusco con tanta pregunta retórica, me canso de hablar con el aire y de no poder esperar respuesta. ¿Dónde está el tiempo que me prometieron recuperar? Todo son mentiras, entrelazadas en un tango de oscuridad vertiginoso, un acelerando de palabras frívolas, cínicas y miserables, que solo contribuyen a alimentar este sufrimiento, esta duda y esta letanía de sinsentidos que atormentan mi calma. Un bosque de infinito desasosiego se atisba en el horizonte, puñales de hierro que se clavan en la espalda, hechos que reavivan heridas del pasado. ¿Dónde se ha ido nuestra infancia, nuestra dulzura e inocencia? ¿ A que precio hemos dejado de ser insoportables, irrazonables, manipulables, imcomprensibles y espontáneos para volvernos en personas mezquinas, cínicas, falsas, apáticas y egoístas? ¿ A qué precio abandonamos nuestra niñez? A penas la he visto pasar, y ya se ha escapado de mis manos, se ha ido con el tiempo, que voraz se lleva en sus horas recuerdos de papel, sueños e ilusiones de cartón, esperanzas de cartulina verde, charol azul y plastilina de llamativos colores, sonrisas de sabor a regaliz , lágrimas de cocodrilo y nervios con forma de copos de nieve y envoltorio.

1 comentario:

  1. No paro de darle vueltas a esto, se nos escapa el tiempo y cuando nos damos cuenta es el momento de darle la vuelta al reloj de arena para que ésta siga cayendo. No podemos pararlo. Pero, por otra parte, imagínate anclado, para siempre, en la niñez, tampoco es una época tan idílica, es difícil, como todas, a su manera.

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