Todos tenemos en nuestro interior un poco de oscuridad, mezquindad, crueldad y cinismo que pugna por salir en todo momento. Algunos aprovechan para cebarse con sus más allegados, otros alcanzan sus metas alzándose sobre cualquier otro que las comparta, hay quienes cargan su amargura sobre hombros ajenos y también quienes apuntan con la flecha de su maldad a todo aquel que osa enfrentarse a él. Pero algunos, movidos por algún atisbo de bondad y por la poca educación que podamos haber recibido de esta pútrida y corrupta sociedad, descargamos nuestros pesares en palabras, en ciudades literarias, en mundos ficticios de prosa y verso en los cuales, sólo el ignorante, corre el peligro de perderse.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Elegía


¿Lo escucháis? El terrible sonido del final, la dulce melodía del caos, ese entramado de notas inquietantes y parabólicos acordes, de intrínsecas ligaduras y espeluznante melodía. Es la melodía del final, el sonido del caos, así retumba en nuestros oídos la culpabilidad y la pesadumbre. Responsables de nuestro propio eclipse, autores del apocalipsis ¿Creadores de nuestro triunfo?
Invisible es la victoria sobre el negro humo de los neumáticos que arden en la guerra ¿Es tangible la futura gloria? No la siento, no atisbo su venir, se ha quedado escondida entre las notas de esta triste armonía fúnebre, no siento gloria de las balas de metralla que se clavan en mi corazón, y las bombas que asolan su dulce infancia ¿Verán nuestros hijos algo del equilibrio que hemos creado? Veo tierras que se abren, mundos que se hunden, mares de pobreza encolerizada. El equilibrio se desvanece entre nuestros dedos, a la luz de neuróticos brotes de ciencia ficción, alucinaciones espaciales y delirios de grandeza ¿Verán nuestros ojos el pan en manos del hambriento? Veo como manchas negras se confunden con la tierra en una sinfonía de luto elegíaco, como el aire se escapa de estómagos vacíos mientras veo manchas blancas morirse de aburrimiento en el horizonte. Suena la dulce melodía del caos, en la oscuridad de la habitación se distingue a duras penas el incesante golpeo de las teclas de un viejo piano de cola ¿Oirán algún día mis oídos el silencio? Oigo explotar corazones del sufrimientos, lagrimas desbordar provocando el llanto, veo ríos de sangre correr entre las almas de inocentes, veo el polvo debajo de huesudos pies.
¿Qué anuncia el caro piano, sino es el fin de nuestra estúpida hegemonía? Por mucha comida que tengamos, mientras nuestro sustento se muere de hambre, nosotros seguimos negándonos a levantar nuestro propio esplendor y futuro con nuestras propias manos. Suena la última nota, el diminuendo, decrecendo y el piano anuncian el final de esta triste pieza. La pieza se acaba, y el caos continúa.

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