Témpanos de orgullo desflorecido,
rayos de luz nocturna,
tumba de las penas ajenas,
baluarte de lo rebelde y de lo establecido.
Porque me gusta, porque lo quiero:
caprichos de divinidad fugaces
que pasan factura al cabo de los años,
nos privan de lo real, y también nos roban el cielo.
No existe el ayer y tampoco el mañana,
no queremos reconocer
que el hoy nunca muere.
No podemos ver que el tiempo nos extraña,
que su paso ha de ser,
imaginación, un sueño y la muerte.
Somos extraños de un mundo,
lugar que soñamos nuestro,
que le pertenece al vacío:
que siempre ha sido suyo.
Quiso un necio soñar,
y sus sueños, por no ser reales,
no lo dejaron marcharse,
nunca pudo volar.
Gústame o teu blog,sigote, un saudo :)
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