Anclado en las puertas del abismo, con un pie en el vacío y el otro en mitad de la nada. Anclado en el último eslabón del tiempo perdido entre sonrisas, que como las estrellas fugaces, tengo la sensación de no poder percibir el tiempo suficiente para retenerlas en mi memoria.
La maleta cargada de recuerdos amargos, y un billete al agujero negro del olvido. Muchas son las ganas de perderse, desaparecer de este mundo que te hace sentir estafado por la vida. El tiempo se acumula sobre el tiempo, sentenciando a cada segundo, que hemos de desaparecer en cualquier momento.
Aprovechemos cada segundo de esta vida efímera y volátil que tan rápido destruye como otorga, para no partir hacia la negra eternidad con un maletín de memorias que se pierdan en el viento, como nuestra imagen de las mentes de aquellos que algún día nos quisieron. Cada momento puede ser el primero, y también el último.
¿Quién sabe lo que nos espera tras las puertas del futuro? Puede ser la muerte, quizás una nueva vida, nunca lo sabremos si no seguimos adelante, con un pie en el vacío y otro en la mitad de la nada, anclados a un tiempo que tan rápido como corre, nos engaña.
Todos tenemos en nuestro interior un poco de oscuridad, mezquindad, crueldad y cinismo que pugna por salir en todo momento. Algunos aprovechan para cebarse con sus más allegados, otros alcanzan sus metas alzándose sobre cualquier otro que las comparta, hay quienes cargan su amargura sobre hombros ajenos y también quienes apuntan con la flecha de su maldad a todo aquel que osa enfrentarse a él. Pero algunos, movidos por algún atisbo de bondad y por la poca educación que podamos haber recibido de esta pútrida y corrupta sociedad, descargamos nuestros pesares en palabras, en ciudades literarias, en mundos ficticios de prosa y verso en los cuales, sólo el ignorante, corre el peligro de perderse.
miércoles, 19 de enero de 2011
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