Todos tenemos en nuestro interior un poco de oscuridad, mezquindad, crueldad y cinismo que pugna por salir en todo momento. Algunos aprovechan para cebarse con sus más allegados, otros alcanzan sus metas alzándose sobre cualquier otro que las comparta, hay quienes cargan su amargura sobre hombros ajenos y también quienes apuntan con la flecha de su maldad a todo aquel que osa enfrentarse a él. Pero algunos, movidos por algún atisbo de bondad y por la poca educación que podamos haber recibido de esta pútrida y corrupta sociedad, descargamos nuestros pesares en palabras, en ciudades literarias, en mundos ficticios de prosa y verso en los cuales, sólo el ignorante, corre el peligro de perderse.

domingo, 23 de enero de 2011

Despedida.

Recuérdame, recuérdame esta noche, recuérdame mañana, en los albores del abismo y de la tempestad, en los más remotos confines de la tierra, a las puertas del averno, mientras subas a tu cielo o en el día del juicio final. Recuérdame, recuérdame cada día y cada hora, cada minuto, y cada segundo, no me borres de tu mente, pues en el momento en que dejes de recordarme, yo dejaré de existir. Venimos a este mundo a vivir, y vivimos si existimos, y cada uno de nosotros existe en la medida en la que los demás lo reconocen, y ahí, ahí es donde entras tú, tú y tu mirada azul, tus finas y suaves manos que acariciaban mi piel como si cada día fuera la última vez. Con cada nuevo final, y tiempo tras tiempo, la vida se nos ha escapado dejando un montón de bonitos recuerdos para sonreír en las tristes noches de tormenta. En esta agonía  peri mortem acuden a mí tus más felices recuerdos: tú mano, mi mano, tus ojos, mis ojos, mi cara, tus labios, mis brazos, tu espalda, tu respiración, mi sonrisa, tus sueños, mis esperanzas. Todo, todo fue lo que tuvimos los dos, todo es lo que se ha disuelto en las arenas movedizas del olvido, arrastradas por el tiempo al fondo de un mar tan eterno como efímero. 
Me despido del mundo esta noche, no me queda nada por lo que luchar, esperanzas que albergar ni sueños por compartir, la vida se ha llevado todo aquello que he dejado marchar, y tú, que siempre te he mantenido a mi lado, te arrojas a los brazos de Morfeo en este último compás. Me despido porque tú te vas, porque cuando te vayas de mi vida, cuando tú me olvides, yo dejaré de existir.

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