Todos tenemos en nuestro interior un poco de oscuridad, mezquindad, crueldad y cinismo que pugna por salir en todo momento. Algunos aprovechan para cebarse con sus más allegados, otros alcanzan sus metas alzándose sobre cualquier otro que las comparta, hay quienes cargan su amargura sobre hombros ajenos y también quienes apuntan con la flecha de su maldad a todo aquel que osa enfrentarse a él. Pero algunos, movidos por algún atisbo de bondad y por la poca educación que podamos haber recibido de esta pútrida y corrupta sociedad, descargamos nuestros pesares en palabras, en ciudades literarias, en mundos ficticios de prosa y verso en los cuales, sólo el ignorante, corre el peligro de perderse.

domingo, 31 de octubre de 2010

Trenes.

Es duro gritarle al silencio, mostrar tu decepción al mundo y que te respondan los crujidos de las viejas puertas de tu casa. Te detienes a rediseñar los entresijos de tu vida, plantearte lo correcto y lo indebido para darte cuenta una vez más que estás perdiendo un tiempo que no podrás recuperar jamás. Hoy corre más que nunca, como el viento en la tempestad se cuela entre los árboles,el tiempo se escapa escurridizo entre tus dedos, sin que los intentos de atraparlo y asirlo tengan éxito alguno. Mientras la desesperación se hunde en tu interior, el reloj de la estación no para, y de nuevo has decidido no subirte al tren. Vuelves a gritarle al silencio, vuelves a apretar tus puños contra el pecho, sin que ese dolor se vaya, sin que esa pena desaparezca. Has perdido demasiado tiempo frente al teléfono pensando si llamarla, y mientras tu pensabas si no sería demasiado tarde para coger el tren a su corazón, te olvidaste de que la estación había cerrado hace tiempo. Mientras tu pensabas si llamar, ella se sentó a esperar que tus dedos marcasen ese número maldito. Me consta que nunca tuviste el valor para hacerlo, dejaste marchar el tren otra vez, y ahora para ti, siempre será demasiado tarde.
Nos pasamos la vida pensando en hacer lo correcto, y de tanto pensar, cuando nos damos cuenta ya se nos ha ido la ocasión. La presión aumenta con el tiempo, con un tiempo que corre y que no pasa. De tanto perder la oportunidad, la decepción se va apoderando de nosotros, haciéndose dueña de nuestros movimientos, dominando nuestras emociones. Luego, más tarde, descubriremos que lo hemos hecho todo en vano, que de nada a servido dejar pasar la vida por delante de nuestros ojos, y cuando queramos recuperar el sentido de nuestras vidas, nos daremos cuenta, tú te darás cuenta, de que ya es demasiado tarde.

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