Todos tenemos en nuestro interior un poco de oscuridad, mezquindad, crueldad y cinismo que pugna por salir en todo momento. Algunos aprovechan para cebarse con sus más allegados, otros alcanzan sus metas alzándose sobre cualquier otro que las comparta, hay quienes cargan su amargura sobre hombros ajenos y también quienes apuntan con la flecha de su maldad a todo aquel que osa enfrentarse a él. Pero algunos, movidos por algún atisbo de bondad y por la poca educación que podamos haber recibido de esta pútrida y corrupta sociedad, descargamos nuestros pesares en palabras, en ciudades literarias, en mundos ficticios de prosa y verso en los cuales, sólo el ignorante, corre el peligro de perderse.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Seasons

Nos hemos acostumbrado a tenerlo todo al momento, a tenerlo todo a nuestra entera disposición. Nos hemos vuelto avaros, impacientes e intransigentes. El tiempo corre por nuestras venas y se ha emponzoñado en nuestras mentes. Vivimos con prisas, y parece que lo hemos dejado todo para dejar espacio a esta extraña compañera de cama. Soy víctima de esta sociedad, de su impaciencia y apuro. Sé que te necesito, que tengo que tenerte a mi lado, si quiero ser feliz. Esta espera se hace insoportable, tremendamente insoportable. Los pinchazos vienen y van, el dolor sube y baja, reconozco que a veces me falta el aliento y que si me descuido las lágrimas acuden a mis ojos sin necesidad de reclamo. Reconozco que he dejado de distinguir los días soleados de los lluviosos, que he dejado de sentir el frío y el calor. Todo lo que me rodea parece pertenecer a una dimensión paralela, estática e inamovible, sin verano, otoño o invierno, sin día, noche, amanecer o crepúsculo, sin sol, lluvia, viento o granizo. 
Cuando te marchaste el reloj se quedó parado a las 16:00, sigo contando los segundo, minutos y horas desde entonces, pero por mucho que cuente, siguen y seguirán siendo las 16:00. Me gustaría volver a sumergirme en el mar de tu mirada, refugiarme entre el calor de tus brazos, ver cada día tu sonrisa, y que cada día al irme a dormir te despidieses con un beso. Quisiera que volvieses, quisiera verte de nuevo y dejar de ser brisa en el viente, algo más que una simple sombra en la pared, el reflejo en un espejo roto. Dame la oportunidad de recuperar mi vida, no te pido que te quedes para siempre, ni que me quieras como lo hacías antes. Sólo quiero que arregles mi reloj y dejar de vivir en el mismo día para siempre. No puedo recuperar el tiempo perdido, pues desde que te fuiste, vivo estancado en una reproducción sistemática del momento en el que te desvaneciste. Sólo quiero que dejen de ser las cuatro de la tarde cuando me vaya a dormir.

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