
Aquí y ahora, es el momento de dar el toque final. Tú y yo estamos destinados a destrozarnos, a hundirnos,a hacernos daño. A recoger nuestros pedazos y volver a ensamblar la armadura que volveremos a destrozar. La sola existencia de uno daña al otro, esta espiral de destrucción acabará por consumir hasta nuestro último aliento. El deseo, la locura, y quizás la lujuria nos han invitado a entrar por la puerta grande de la devastación, para acto seguido encerrarnos bajo llave y no dejarnos escapas jamás. Tú y yo estamos condenados a sufrirnos, odiarnos y destrozarnos. Tenemos el alma envenenada, envenenada de dolor, sufrimiento, angustia y engaño. Tenemos veneno en la mente, en el corazón. Tenemos nuestra vida envenenada, envenenada de este dolor. El sufrimiento es nuestra droga y cada vez somos mas drogadictos de nuestra propia destrucción. Hemos olvidado como suena nuestra propia risa, como se tensan los músculos de nuestra cara al sonreir, y aún así, Tú y yo seguimos viviendo presa de la adicción, del rencor y del envenenamiento.
Quizás ha llegado la hora de finalizar con esta locura, de rematar esta demencia. No seré yo quien apriete el gatillo. Simplemente me he desecho de la ponzoña que llevaba dentro. Ha llegado la hora de vivir en paz entre los dos. Ha llegado la hora de perdonarnos, de perdonarse.
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