¿Por qué a veces cosas pequeñas, que deberían carecer de importancia se llevan una parte de nosotros?. A veces las cosas son blanco o negro, la solución al problema es rotundo, inmediato y radical, y otras podemos perdernos intentando llegar a ella en toda una escala policromática de grises.
Es curioso como podemos enredarnos en nuestras contradicciones: siempre creemos querer saber la verdad acerca de todo, hasta que nos damos cuenta, siempre demasiado tarde, de que en realidad estábamos equivocados. La verdad nos golpea en el pecho, nos deja bloqueados, sin respiración, y cuando nuestra parte racional regresa tras sucumbir a nuestros impulsos más primarios,vuelve en sí, aturdida, y se satura porque no sabe que hacer con lo que sabemos. En ese instante una parte de nosotros se pierde en un laberinto de incertidumbre, en un caos exponencial que tiende al infinito de la inseguridad más absoluta.
Queremos simplificarlo todo, etiquetarlo y establecer un orden absoluto que nos ayude a seguir hacia adelante de la forma menos complicada, intentando tropezar con el menor número de obstáculos posibles, y así, cuando nos encontramos ante algo complejo, y abstracto para nuestra lógica incorregible, nos perdemos a nostros mismos, quizás por un rato o para siempre, hasta que seamos capaces de volver a encontrar el blanco o el negro que nos marquen el camino de regreso a nuestra monocromática vida.

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