Y quizás si hubiésemos sido otros, personas distintas, en otro lugar y en otro tiempo, el mismo cuerpo con distinta mente. El entendimiento mas básico se hacía imposible entre los ríos de melancolía y las lagunas de la memoria. Yo queriendo olvidarte y tú olvidándome sin quererlo.
Quizás si hubiésemos vivido otras vidas quizás si hubiéramos buscado las respuesta en otro sitio, quizás si hubiéramos cambiado las preguntas. No quisiste verlo y yo lo vi sin haberlo querido:
Que éramos como el fuego y el agua, como el frío y calor, como el día y la noche, como la tormenta y la calma. Uno no existe sin el otro, y sin embargo no es posible que ambos se den al mismo tiempo, si chocan se destruyen, si se alejan, si se separan, pierden el significado. Así somos tú y yo , necesitándonos, requiriendo la existencia del otro, ansiando su encuentro y temiéndolo por igual.
El miedo nos consumió en su llama sin dejar apenas un ligero rastro de ceniza, una pequeña seña de que habíamos estado juntos, encontrándonos en el sinsentido, en la nada y en el todo, disfrutando de una compañía tan antagónica como necesaria. Estuvimos tú y yo, en el mismo lugar y al mismo tiempo y eso, nos destruyó, nos quemó por fuera y nos congeló por dentro, la luz del exterior no pudo desplazar la oscuridad de nuestro interior y así todo lo que sentíamos se disipó en el aire, se lo llevaron las ráfagas de viento , y las agujas de un reloj viejo y gastado. Fue tarde cuando nos dimos cuenta, yo lo entendí sin querer, y tú nunca quisiste entenderlo.
El fuego y el hielo, la llama y la escarcha, la causa y el efecto,yo sin darme cuenta, y tú consumiéndote conmigo.
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