Hace tiempo que vivo en un mar de sensaciones, un mar enfurecido, agitado por el viento y la tormenta, un mar revuelto y con resaca, que arrastra a sus profundidades la paz y el orden de mi vida. La ansiedad y el pesar me recorren, pellizcan mis venas y atraviesan mi garganta en forma de aplastante silencio. Incapaz de pedir ayuda, caigo víctima de mí mismo, ya que en poco tiempo me he convertido en una sombra, un ser pensante y amargo que dejó de ser lo que era para representar a su peor enemigo, su antagonista, la peor encarnación de un alter ego sonámbulo, al que no le pertenecen ni las decisiones ni las acciones.Temo la soledad, temo el ocio y la inactividad como un niño pequeño teme la noche y sus pesadillas. Temo quedarme a solas con mis pensamientos, con la única compañía de mi mente.
Desposeído de mi voluntad y de mi conciencia transito sin rumbo, a la deriva, cada vez más perdido y más vulnerable. Mi mirada se pierde en pequeños pedazos infinitos de soledad, abismos oscuros que me destrozan por dentro y anulan mi fortaleza.
No veo luz al final de este túnel, y me asusto como un niño pequeño que teme dormirse y soñar eternamente la peor de las pesadillas, solo que yo no temo dormirme, si no despertar y ser consciente, recordar una vez más porque estar vivo, ya no es un regalo, si no una tortura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario