Todos tenemos en nuestro interior un poco de oscuridad, mezquindad, crueldad y cinismo que pugna por salir en todo momento. Algunos aprovechan para cebarse con sus más allegados, otros alcanzan sus metas alzándose sobre cualquier otro que las comparta, hay quienes cargan su amargura sobre hombros ajenos y también quienes apuntan con la flecha de su maldad a todo aquel que osa enfrentarse a él. Pero algunos, movidos por algún atisbo de bondad y por la poca educación que podamos haber recibido de esta pútrida y corrupta sociedad, descargamos nuestros pesares en palabras, en ciudades literarias, en mundos ficticios de prosa y verso en los cuales, sólo el ignorante, corre el peligro de perderse.

viernes, 16 de agosto de 2013

Pérdida.

Muéstrales el dolor de perder a alguien que amas. Enséñales el dolor y la desesperación de sentir que ya no hay suelo bajo tus pies, que ya no hay sol en el cielo, que el invierno llegará para no marcharse nunca. Guíales por un camino en el que desearán no haberse metido nunca. Hazles ver como es que todo deje de tener sentido. Hazles sentir tal dolor, como si perdieran todo aquello que tienen en esta vida, que no puedan volver a respirar sin maldecir el momento en el que nacieron.
Deja que la rabia salga de dentro, deja que la frustración lo inunde todo, déjalas fluir, ser libres de la prisión de su interior. Deja que se enfrenten a una batalla perdida de antemano, un callejón sin salida, un precipicio sin final, un remedio sin principio. Deja que cada momento vivido permanezca en sus conciencias y que no se vaya nunca, que no queden huecos de su memoria emponzoñados por la culpa, que el conocimiento de la responsabilidad pese sobre ellos pase el tiempo que pase sin importar allá donde estén. Deja que sientan el miedo y el anhelo a partes iguales, y sabrás que nunca más se volverán a entrometer en tu camino.

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