Qué hacer cuando se está atrapado entre la duda y el miedo, cuando la sombra de un dolor lejano en el tiempo se aproxima de nuevo, cuando un fantasma del pasado vuelve a rondar nuestras pesadillas. La lluvia resbalando por el cristal dibuja nuevas metáforas de angustia y pesar, encierra en su continuo descenso la monotonía, el aburrimiento de esperar a que se encienda la llama, pues la chispa de la esperanza es cada día un poco más fugaz.
El viento arrastra en su seno palabras de aliento y consuelo, atrapa mi sonrisa en remolinos de espera e imprecisión temporal, y forma a mi alrededor torbellinos de desasosiego y congoja, encerrando en una fría de cárcel de vaivenes mi más preciada alegría.
A lo largo de nuestra vida escogemos caminos, tomamos decisiones, asumimos riesgos y aceptamos que todo en está vida tiene la misma probabilidad de fracasar que de salir exitoso, aunque quizás pudiéramos inclinar la balanza a base de sudor y sangre y hacer que al cerrarse la puerta del éxito, la ventana del fracaso sea lo más grande posible.
Los problemas nos persiguen, pesares del pasado retornan en amargos recuerdos para recordarnos que las consecuencias de nuestros actos, están y estarán siempre posados sobre nuestros hombros, que nada en está vida escapa a la ley de causa y efecto, recuerdos que recuerdan que vivimos atrapados en un laberinto, un rompecabezas eterno y la vez fugaz que transforma nuestras más absolutas certezas en las dudas más razonables.
No hay comentarios:
Publicar un comentario