Todos tenemos en nuestro interior un poco de oscuridad, mezquindad, crueldad y cinismo que pugna por salir en todo momento. Algunos aprovechan para cebarse con sus más allegados, otros alcanzan sus metas alzándose sobre cualquier otro que las comparta, hay quienes cargan su amargura sobre hombros ajenos y también quienes apuntan con la flecha de su maldad a todo aquel que osa enfrentarse a él. Pero algunos, movidos por algún atisbo de bondad y por la poca educación que podamos haber recibido de esta pútrida y corrupta sociedad, descargamos nuestros pesares en palabras, en ciudades literarias, en mundos ficticios de prosa y verso en los cuales, sólo el ignorante, corre el peligro de perderse.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Respuestas.

Que esperar cuando no se sabe que se espera. Que pensar cuando no se sabe que se piensa, que hacer cuando no sabemos que estamos haciendo. Anclados en el medio de un caos, atenazados por el miedo, la incertidumbre y el peso de la espesa neblina del futuro. Actuar o no actuar, el coraje para seguir adelante, poniendo un pie detrás de otro, de continuar por muy angosto y arduo que sea el camino, por muchas piedras con las que tropezar que nos queden, por mucho que el azar se ponga en nuestra contra y por mucho que todo lo que hagamos parezca no valer la pena.
Como averiguar el sentido de nuestras decisiones, de donde obtener el valor para enfrentarse a las consecuencias, como entender los motivos que nos mueven, cuando es el momento correcto para actuar o para quedarse al margen.
Conseguir que todo lo que hacemos no pierda el sentido y que el mundo siga siendo nuestro, que dejemos de ser observadores y tomemos las riendas del galope de nuestras vidas. Que cada nota de la partitura que es nuestro universo no se transforme en un conjunto desordenado de acordes malsonantes, que cada amanecer nos recuerde una nueva oportunidad y no la cercanía de un nuevo ocaso, que no dejemos de nacer un poco cada mañana, que nunca se nos agoten las ideas, los proyectos, las fuerzas o las esperanzas.
Incertidumbre, duda, incerteza, inquietud, angustia, vacilación. Muchas son las palabras que describen el desconcierto con el que nos sumimos a cada paso, a cada minuto.
Cómo acertar, y no menos importante ¿Cómo equivocarse?
No lo sabemos, no sabemos ni una mínima parte de lo que podríamos y deberíamos saber, y sin embargo, cada día, cada reto, cada dificultad y cada obstáculo lo afrontamos con decisión, con valor, con locura y sin pensar muy bien que haremos después. Por que somos eso, duda, pregunta, cuestionamiento para el que no existe confirmación, respaldo o respuesta. 


Vivimos marcando nuestro ritmo por las respuestas que no tiene pregunta, y por las preguntas que no tienen respuesta. Vivimos sin rumbo y sumidos en el caos porque no asumimos que nos hacemos las preguntas equivocadas para obtener respuestas incorrectas, mientras la verdadera respuesta está delante de nosotros esperando, hasta el fin de los tiempos, a que alguien se atreva a plantear la pregunta adecuada.

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