Todos tenemos en nuestro interior un poco de oscuridad, mezquindad, crueldad y cinismo que pugna por salir en todo momento. Algunos aprovechan para cebarse con sus más allegados, otros alcanzan sus metas alzándose sobre cualquier otro que las comparta, hay quienes cargan su amargura sobre hombros ajenos y también quienes apuntan con la flecha de su maldad a todo aquel que osa enfrentarse a él. Pero algunos, movidos por algún atisbo de bondad y por la poca educación que podamos haber recibido de esta pútrida y corrupta sociedad, descargamos nuestros pesares en palabras, en ciudades literarias, en mundos ficticios de prosa y verso en los cuales, sólo el ignorante, corre el peligro de perderse.

jueves, 19 de julio de 2012

Vacío.

Todo se rompe, todo termino por desaparecer, por marcharse a algún vacío desconocido y dejarnos en el más absoluto caos y desconcierto, sin sentido. 
En algún momento la desesperación acude a nosotros, nos atenaza, nos impide afrontar la pérdida, se junto con los recuerdos que acuden raudos a invadir nuestra mente y hacernos sentir de nuevo su respiración en nuestra nuca, un beso fugaz en la frente al despedirse, el tacto de unos dedos suaves al acariciar nuestra mejilla, nuestros párpados, nuestra espalda, la presión de unos brazos abrazando nuestro pesar. Se mezclan recuerdos, melancolía y el golpe de la cruda realidad al desvanecerse las antiguas sensaciones, la añoranza golpea con puño de hierro en nuestro espacio sideral interior. Las horas distantes y el resto de tristeza en sus ojos al pronunciar el último adiós se confunden en los recodos profundos de nuestra aturdida memoria.
Cuando nos parece verlo al doblar una esquina, al abrir los ojos al iniciar el día, todo vuelve a romperse y desertamos de nosotros mismos con la esperanza de que algún día, todo el dolor la pena y el recuerdo de tan intensas emociones queden perdidos en algún vacío desconocido de nuestra desastrosa memoria.

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