No sé como hemos llegado aquí. Que caminos me han conducido hasta este punto.
No podría contar las numerosas dificultades que he tenido que superar, las agrias decisiones tomadas, los amargos momentos vividos, y los dolorosos recuerdos que todo este tiempo me han acompañado. He superado mis propios límites, he derribado mis complejos, he vencido a la falsa imagen que me devolvía el espejo, y ahora, una nueva seguridad abrumadora y desconocida nace en mí. He desafiado el punto y final que había marcado para mí vida y ahora los desafíos que antes no me hubiese atrevido a enfrentar me parecen rencillas absurdas entre mi inseguridad y mi subconsciente.
El tiempo que antes volaba entre el caos y el descontrol de mi inconsciencia, permanece estancando entre los barrotes de mi voluntad. He detenido el correr de los días y los meses, fijándolo en el preciso instante en que por pura inercia y azar comencé a ser feliz.
Los ríos desbordados vuelven a su cauce, los árboles rebrotan tras un largo invierno, los pájaros comienzan a cantar y los días poco a poco se hacen más largos. Todo parece más sencillo, más fácil y los problemas, aunque presentes, siempre mucho más lejanos.
La primera vez que nos enfrentamos a algo siempre es la más complicada, pero a medida que nos sumergimos en los recovecos del tiempo, todo se va volviendo más y más sencillo, más asequible y realizable, dejando a nuestra mente caer en el error de convertir la novedad en rutina.
Me inunda una inexplicable euforia, un abrumador entusiasmo, que se irá con la velocidad y vehemencia con la que se ha instalado en cada resquicio de mi hasta hace poco maltrecho ser.
He renacido de mis cenizas, he rebrotado como un árbol en primavera, detenido en ese punto del tiempo en el que por inercia y por azar, comencé a ser feliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario