Todos tenemos en nuestro interior un poco de oscuridad, mezquindad, crueldad y cinismo que pugna por salir en todo momento. Algunos aprovechan para cebarse con sus más allegados, otros alcanzan sus metas alzándose sobre cualquier otro que las comparta, hay quienes cargan su amargura sobre hombros ajenos y también quienes apuntan con la flecha de su maldad a todo aquel que osa enfrentarse a él. Pero algunos, movidos por algún atisbo de bondad y por la poca educación que podamos haber recibido de esta pútrida y corrupta sociedad, descargamos nuestros pesares en palabras, en ciudades literarias, en mundos ficticios de prosa y verso en los cuales, sólo el ignorante, corre el peligro de perderse.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Tiempo


Miro el reloj contando como se van los segundos y los minutos, las horas, los días y los meses. Me asusta el paso del tiempo, parece mentira pero se va, rápido, fugaz, sin que tan siquiera podamos degustarlo, saborearlo, ni mucho menos alcanzar a tocarlo. Me asusta el paso del tiempo, nos pasamos la vida preparando un momento, soñándolo y luchando por él, para que cuando éste llegue, perdamos todos nuestros objetivos quedándonos momentáneamente desarmados, con la mente en blanco y el tiempo congelado. La pérdida de un objetivo ha causado la quiebra de nuestras vidas, perdemos el norte y el rumbo, nos desviamos de un lado para otro, siempre buscando una salida, salida de un lugar en el que no recordamos haber entrado. Cuanta confusión, cuanto enredo e indecisión. Mientras unos ríen otras lloran, mientras unos trabajan otros descansan, mientras unos comen otros mueren de hambre, y ante esto, cada uno de nosotros parece indiferente a la agonía del otro. Somos los creadores de un mundo que gira alrededor de nosotros, y cualquier cosa que se escape a nuestro alcance es odiaba, ignorada, despreciada e infravalorada. El tiempo parece no significar nada para nosotros, pues lo tiramos y desaprovechamos sin miramientos ni reproches, y como cualquier cosa incontrolable por nuestra "infalible" lógica digital y matemática es desterrada al cajón de objetos inutilizados y olvidados que todos tenemos en alguna mesilla de noche, yo lo sacaré esta noche, para volver a vivir dentro del tic tac de los relojes, descolgándome de la parálisis cerebral que el tiempo congelado nos ha causado.

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