Todos tenemos en nuestro interior un poco de oscuridad, mezquindad, crueldad y cinismo que pugna por salir en todo momento. Algunos aprovechan para cebarse con sus más allegados, otros alcanzan sus metas alzándose sobre cualquier otro que las comparta, hay quienes cargan su amargura sobre hombros ajenos y también quienes apuntan con la flecha de su maldad a todo aquel que osa enfrentarse a él. Pero algunos, movidos por algún atisbo de bondad y por la poca educación que podamos haber recibido de esta pútrida y corrupta sociedad, descargamos nuestros pesares en palabras, en ciudades literarias, en mundos ficticios de prosa y verso en los cuales, sólo el ignorante, corre el peligro de perderse.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Ponzoña.


El veneno de tus palabras atraviesa nuestra piel, penetra nuestro interior, desgarra lo mas profundo de nuestro ser, distorsiona todo aquello que nos rodea;y aún cuando en nuestro interior no queda nada por aniquilar, la ponzoña del sonido de tu voz nos provoca una migraña de corazón insoportable. Vete de aquí, llévate tu veneno, tus mentiras, tu rencor, tu odio y tu cinismo. Tu sonrisa es el más falso de los pilares y mirar en tus ojos es hundirse en un pozo de arenas movedizas. Tu risa es un atributo a la crueldad, tus lágrimas son tan falsas que a la luz del solse vuelven invisibles. Has destrozado muchas vidas con tu mezquindad. Con cada palabra una parte del mundo desaparece bajo un manto de oscuridad y malicia, oscuridad y malicia que permanecen escondidas debajo de nuestras apariencias. Eres ese ser malvado que habita en cada uno de nosotros, eres nuestra mala conciencia, nuestro pilar y nuestra destrucción. Eres todo aquello que nos forma por dentro y todo aquello que nos hará desaparecer. Hemos luchado tiempo por desterrarte de nuestras camas, de nuestro ser, pero cuanto más luchamos y nos arañamos por dentro más te aferras al miedo y al resentimiento, te adhieres por dentro sin que nos demos cuenta, y cuando nos percatamos ya estamos actuando como tú. Las palabras que decimos, y las palabras sordas que se quedan atrapadas en nuestro paladar, son puro veneno, son cicuta para cualquier oído acostumbrado a las más macabra crueldad. Por eso, aunque residas en cada uno de nosotros, aunque lo abarques todo sin dejar de apretarnos, aunque corrompas lo incorruptible, siempre nos quedará el callarnos, para que el horror que habita dentro de nosotros, se quede encerrado, atrapado, sin podes escaparse del castigo de nuestro silencio.
Fotógrafa e fotografiada: Laura Álvarez

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